domingo, 5 de enero de 2014

“Tenemos que ser honestos y reconocer que muchas de nuestras desgracias nacen de nuestra propia indolencia; podría decirse con relación a la defensa de nuestros recursos naturales renovables, que existe el desinterés de la gran mayoría, la indiferencia de las autoridades responsables y la codicia de una egoísta minoría. Esos pocos que utilizan el dinero para corromper y obtener lo prohibido, son en parte responsables de la exterminación del mundo animal, la gran mayoría perseguida”.

Felipe Benavides
Lima, 1972

Idilio y lucha de Felipe Benavides

El Comercio, marzo 24 de 1991

Por: Fernando Belaunde Terry (*)

Ha muerto un combatiente. Ha caído Felipe Benavides, en el Londres de sus mocedades, en la ciudad bombardeada de la que no quiso apartarse en los días de la sangre, el sudor y las lágrimas. Se mantuvo allí, hidalgamente, como buen soldado de la diplomacia peruana. Ha caído el defensor de las indefensas vicuñas y en esta hora habla, por todos los peruanos, el poeta Vallejo: “Quédate hermano…!”

Rebalsaba personalidad, como el cántaro al fuego en plena ebullición. Era talentoso, constante y eficiente en el trabajo pero sólo para sustentar las grandes causas impersonales. Dijo que “no bajaría los brazos hasta que llegara la muerte”. Y así fue. ¿Qué queda de aquellos desmanes? Solamente un mudo desprecio. ¿Y de esta generosa vida que se extingue tan lejos de Pampa Galeras?: una insondable tristeza andina en la silente orfandad de los auquénidos.

¿Por qué lo separaron cuando ya la muerte lo amenazaba? Tal vez querían su silla. Pero ¡oh decepción! Pronto descubrieron que no era un asiento rentable. Era un sitial para dar, no para recibir.

Un sentimiento profundamente romántico, de amor al Perú en sus esencias, caracteriza el idilio de Benavides –no encuentro otra forma de definirlo- con la vicuña. Aguardaba cada nuevo alumbramiento con inquietud paternal. Lo vi acariciar a las recién nacidas en el dulce cautiverio del Parque de Las Leyendas, tan distinto al dramático hábitat del altiplano, que describe el poeta:
“Silencio y soledad…nada se mueve…
Apenas, a lo lejos, en hilera,
las vicuñas con rápida carrera
pasan a modo de una sombra leve…”.

Aquí rodeadas por la multitud, por el bullicio de la urbe, encuentran un nuevo entorno, muy distinto al que describe Chocano. Pero una mano amorosa mitiga la nostalgia telúrica, acariciando el cuello sedoso del esbelto animal.

Tal vez por ello, el laureado conservacionista inscribió en el parque estas palabras de Neruda: “Aquí la hebra dorada salió de la vicuña a vestir los amores, los túmulos, las madres, el rey, las oraciones, los guerreros…”

Pero en este duelo imaginativo no se queda atrás, el cantor de América cuando dice: “La piel de las vicuñas dio, en épocas mejores, alfombras a las plantas de las sacerdotisas y mantos a los hombros de los emperadores…”

Giusseppe Alvigni titula un libro fascinante sobre los camélidos “La fibra más cercana al cielo”, elogiando a la vicuña, llena de belleza y distinción. Y tuvo razón Benavides porque ningún aporte peruano es más elocuente que el textil, pues mientras los famosos gobelinos franceses –según Reid- raramente muestran más de 20 hilos de urdimbre por pulgada, el antiguo Perú exhibe ejemplares con 398…Allí fuimos maestros, no discípulos; conquistadores, no conquistados…Allí el mensaje andino adquirió su máximo esplendor. Es bueno recodarlo en estos tiempos en que se nubla la identidad nacional y se “cesa” a los que la iluminan con luz de patriotismo y sensibilidad de artistas.

Y esa luz, por el idealismo de tu causa, no se extingue. Y por la sensibilidad de tu espíritu, no se apaga.

(*) Arquitecto, docente universitario, jefe y fundador de Acción Popular, dos veces presidente constitucional del Perú (1963-1968 / 1980 – 1985).
“Casi no hay una capital o ciudad importante en el mundo que no tenga su zoológico. Los zoológicos son indiscutibles centros de unión de la familia; allí se juntan el anciano y los niños menores, promueve la salud y la felicidad del pueblo, ofreciendo a la misma vez una oportunidad visual de las riquezas naturales de la patria, del mundo y la forma de defenderlas. En pocas horas muestran al turista muchas de las tradiciones y bellezas que reúne el país”.

Felipe Benavides
Lima, 1971

Señor y amigo

Caretas, febrero 25 de 1991

Por: Mauricio de Romaña Bustamante (*)

Desde anoche se integra a la lista de ilustres peruanos un viejo amigo de los arequipeños que amamos nuestro ambiente y nuestra patria. Felipe Benavides fallece en amargas circunstancias, porque no se puede conceptuar de otra manera su destitución como presidente del Parque de Las Leyendas.

El hizo una “leyenda” de su empecinada y muchas veces mal comprendida lucha por proteger a la vicuña y a toda la fauna y flora que fuese amenazada. Se caracterizó por una gran vehemencia, enérgicas intervenciones y valentía para enfrentar los desafíos. Don Felipe fue para nosotros un ejemplo de cómo debe ser un hombre cuando defiende sus convicciones y derechos. Podía ser duro sin ser grosero, pues la maldad jamás alimentó sus argumentaciones. Y se mantuvo siempre firme en sus principios.

Es una gran pérdida para nuestros animales, plantas y seres en general; mañana al clarear el día las vicuñas de Aguada Blanca mostrarán sus húmedas mejillas, los lobos de Paracas harán un minuto de silencio y tal vez por esos misterios que no entendemos, se haga un gran silencio en las conversaciones de la fauna selvática, porque “ellos” sienten y saben cuando la muerte llega.

En Prodena-Arequipa siempre lo recordaremos, pues nos ayudó en cuanto pudo. Imposible olvidar su intervención en la polémica sobre el traslado de vicuñas de Pampa Galeras a Aguada Blanca y sus palabras y asistencia cuando se logró la protección del Santuario Nacional Lagunas de Mejía a favor de las aves migratorias. Fuimos testigos, asimismo, de su lucha infatigable ante el ministro de Agricultura, discutiendo y argumentando hasta las tres de la madrugada para que se hiciese efectivo el traslado de vicuñas. Los delegados extranjeros se asombraban de esa determinación, de ese empuje, y eso es lo que los pequeños hombres de escritorio, llenos de apetencias, no le perdonaban. El será recordado no sólo en el Perú sino en el mundo entero. Qué lástima que en estos tiempos en que escasean los hombres de calidad, don Felipe se haya ido. El dolor de los suyos es dolor profundo en los hombres arequipeños que lo quisimos como amigo, lo apreciamos como hombre y lo honramos como caballero. Don Felipe, descansa en paz.

(*)Empresario, conservacionista, director de la Asociación pro Defensa de la Naturaleza (Prodena) de Arequipa. Gestor de la Reserva Nacional Salinas y Aguada Blanca y del Santuario Nacional Lagunas de Mejía.
“Ya es tiempo de que las autoridades cuiden los árboles que son fuente de oxígeno, materia indispensable para la vida del hombre que se encuentra cada día en mayor peligro de contaminación”.

Felipe Benavides
Lima, 1971

Carta a Felipe Benavides

Expreso, febrero 23 de 1991

Por: Manuel Ulloa Elías (*)

Querido Felipe,

Me acabo de enterar con inmensa tristeza de que has emprendido el largo y solitario viaje que te llevará a la paz y a la plenitud de la inmortalidad.

Tus amigos de siempre, sacudidos de dolor y nostalgia, hubiéramos querido estar a tu lado para tomarte la mano, apretándola fuerte, y para que sintieras la ternura, admiración y afecto que tenemos por ti, y la inspiración que tu vida ejemplar ha sido para nosotros, para los peruanos y los que te conocían fuera del país.

Tú eres de los seres humanos que, siendo amigos desde nuestra juventud, más inspiración le dieron a mi amor por nuestra tierra, sus bellezas, sus animales y plantas, a las dedicaste tu vida.

Por circunstancias familiares, por tu talento y simpatía, por el coraje y aventura de tu carácter pudiste haber escogido, fácilmente, otros caminos más cómodos y halagueños. El que has seguido lo abriste tú y su huella seguirá siempre: y lo recorriste batallando y en lucha permanente con la incomprensión, los intereses creados; la mezquindad, envidia y cobardía de aquellos que siempre acechan en la oscuridad para apagar las luces que nuestro pueblo y el mundo necesitan para guiarlos.

Contigo he recorrido una buena parte del Perú y me enseñaste a descubrir parte de sus tesoros que no conocía cuando lo hicimos juntos: la Reserva de Paracas, el Manú, Pampa galeras, las islas guaneras, la Selva; sus árboles, plantas, flores, ballenas y peces de nuestro maravilloso mar y, especialmente, la gloria de la vicuña y sus primas, las alpacas; a los que dedicaste tu vida para salvarlos y alentar su desarrollo.

El Parque de Las Leyendas fue tu inspiración y refugio, y la ventana a través de la cual niños, mujeres y hombres –jóvenes y ancianos, peruanos y extranjeros- conocieron y amaron las riquezas de esta tierra.

Tu propia casa era tan bella, imagen y semejanza de tu vida y la de tu familia, que nunca la olvidaré. Ahora la tengo presente en mi retina.

En los últimos días de tu vida debes haber sentido cómo el Perú profundo te amaba y respetaba. La mezquindad y cobardía de tu adversarios trató de herirte desplazándote, en tu ausencia, de la presidencia del Patronato del Parque de Las Leyendas y el gobierno se prestó inexplicable y penosamente a es te infeliz y estéril ataque. Tus amigos y los que te conocieron abrieron fuego contra ellos. Ya estamos hartos, y decididos a luchar contra tanta bajeza y corrupción.

Tu nombre y tu honor están al tope del mástil del Perú y seguirás siendo siempre presidente del Parque de Las Leyendas; y leyenda de tu patria.

Gracias, Felipe; un abrazo lleno de ternura a la compañera de tu vida y luchas, María Luisa, y a la ilusión de tus ojos: tu hijo.

Nos volveremos a ver y me guardo para entonces el estrecho abrazo que ahora quisiera darte.

Manuel

(*) Abogado, político, fundador de Acción Popular, empresario, ministro de Economía, presidente del Consejo de Ministros y presidente del Senado de la República.
“Es indispensable formar un tribunal internacional del medio ambiente, al cual puedan apelar, en defensa de sus derechos, todas las naciones, por más pequeñas o pobres que sean. La polución de las ciudades –ya que los vientos no tienen fronteras- están creando ya, problemas de índole internacional. Los mares, ríos y lagos no tienen muros que limiten sus corrientes. La contaminación provocada por una refinería o una fábrica sobre un río, mar o lago, puede dañar fácilmente las orillas de varias naciones”.

Felipe Benavides
Lima, 1980
Discurso de Felipe Benavides en la cena de gala del
Premio “J. Paul Getty”
Palacio de la Organización de los Estados Americanos
Washington, 1975


Señoras y señores,

La nación más adelantada del mundo ha enviado el hombre a la Luna, mientras que los países más pobres apenas sobreviven en la Tierra y las posibilidades de sobrevivir del reino animal, perseguidos por el hombre, aún son menores.

Parece, a veces, que el hombre es un ser incorregiblemente auto-destructivo, sin reparar que al destruir su planeta está destruyendo su propia vida.

La mayoría de los países están tan solo preocupados en dar soluciones a sus problemas inmediatos, en vez de mirar hacia adelante y prever el futuro de nuestro planeta, como un todo. La destrucción del mundo animal será indudablemente seguida de la extinción eventual de la raza humana.

La “mayoría perseguida”, me refiero a los miembros del Reino Animal, no tienen ni voz ni voto, fue en el pasado fuente de riqueza de las grandes masas, y a pesar de que sirven al hombre como alimento, y con fines médicos, científicos y culturales, y no obstante, que el hombre necesita y seguirá necesitando a los animales, no cesa de perseguirlos, exponiéndose a perder esa valiosa fuente de vida.

En épocas pasadas algunas naciones conquistaron grandes extensiones de la tierra, subyugando pueblos enteros sin el más mínimo escrúpulo y, también, muchas veces causaron graves daños y la destrucción irreparable de la vida animal que sirvió de alimento a los pueblos que subyugaban. Me refiero en particular al búfalo o bisonte americano. Hoy en día, un proceso similar está ocurriendo a pesar de los esfuerzos de los conservacionistas del mundo, me refiero a la desaparición de una posible fuente de supervivencia para futuras generaciones si fuese debidamente administrada: la ballena, objeto de matanza despiadada en la actualidad.

Las naciones del Tercer Mundo se unen para protestar contra la injusta distribución de la riqueza, y razón tenemos en hacerlo. Sin embargo, es dentro de los confines de esos mismos países donde se halla la mayor riqueza en forma de bosque tropical de lluvia y, más específicamente, de un tercio de la mitad del total de la flora y fauna del mundo que se encuentra en las naciones del trópico. Repito, la riqueza de la naturaleza, que una vez fue fuente de engrandecimiento para las naciones industrializadas está ahora bajo la custodia de los países en vías de desarrollo. En sus territorios tenemos una admirable flora y fauna que deberían ser el orgullo del mundo y puestos al servicio del hombre. Esta Herencia Sagrada se encuentra en peligro de extinción precisamente por la falta de comprensión y por la aplicación de diversos métodos rechazados por las naciones más avanzadas, que los consideran peligrosos para el medio ambiente. Aún así, estos mismos métodos siguen siendo aplicados indiscriminadamente en los países en vías de desarrollo.

Nosotros, los hombres del Tercer Mundo, debemos ser honestos y reconocer el hecho que buena parte de nuestro infortunio es el producto de nuestra propia inactividad o falta de imaginación. En lo concerniente a la protección de aquellos recursos naturales que son renovables, se puede decir que la gran mayoría del público simplemente no siente interés y los hombres responsables dentro de los gobiernos permanecen indiferentes, mientras que hay una minoría de gente tan solo preocupada en satisfacer sus propios intereses, que en su miopía egoísta no paran para ver el riesgo que señalamos. Es la codicia de este pequeño número de individuos la más responsable de la exterminación del Reino Animal, de la gran mayoría perseguida, del Cuarto Mundo o deberíamos decirlo nuevamente, del Primer Mundo porque estuvieron aquí antes que nosotros. Digo esto porque el Cuarto Mundo es aquel que está por nacer, el mundo del mañana en la escala del tiempo. Hoy, diariamente tomamos decisiones que afectarán al Cuarto Mundo, tanto que quizás se nos verá en la historia futura con oprobio por nuestra suicida desaprensión con la naturaleza.

La matanza indiscriminada de animales ocurre generalmente para el beneficio de las naciones altamente industrializadas que consumen las pieles, lanas, marfil, aceites, etc. en el mercado de lujo. La presión ejercida sobre el cazador furtivo proviene de la demanda de lujo de unos pocos. No podemos, sin embargo, culpar enteramente a los mercaderes y consumidores extranjeros, ya que gran parte de la responsabilidad por la persecución y destrucción de la vida animal recae sobre las autoridades del Tercer Mundo.

El hecho que la matanza indiscriminada fuese aceptada en el pasado, no puede ser hoy considerada como excusa, ya que la fuerza de los amos y la subyugación del más débil por el más fuerte, que fueron hechos aceptados en otros tiempos en los que poco se podía hacer en contra de los abusos; pero, hoy la situación ha cambiado porque el derecho de autodeterminación de los pueblos es una realidad consciente, por eso es imperdonable que nos prestemos a ser parte de la inmisericorde y continua explotación de nuestra riqueza animal. Esta es una situación que, sin lugar a dudas, será severamente condenada por las generaciones por venir.

Me siento capacitado para afirmar, con toda franqueza, que gran parte de nuestra pobreza se debe a nuestra propia incapacidad para defender lo que es nuestro y a las motivaciones egoístas o ciegas que nos hacen olvidar que el mundo es una creación perfectamente balanceada del Todopoderoso y que si el hombre interfiere en ese balance, será él quien pagará las consecuencias.

Me pregunto, por cuanto tiempo más, muchos de los que ejercen el poder en el Tercer Mundo dejarán que esta situación continúe; por cuanto tiempo más las autoridades tolerarán un contrabando que enriquece aún más a los que ya lo son, mientras se reducen las posibilidades de mejoría para todos aquellos que viven en nuestras selvas, sierras y costas. Bajo una administración adecuada, la vida animal podría producir beneficios incalculables a los países tercermundistas y, para este fin, es necesario que los dirigentes adopten una actitud acorde a sus altos cargos e impongan leyes, regulaciones y controles necesarios. Los científicos no deben permanecer aislados y deben ser incorporados en la toma de decisiones referentes a la conservación de los recursos naturales renovables del mundo. Muchos gobiernos solo parecen oír a aquellos que pueden ofrecerles beneficios inmediatos y no a aquellos científicos preocupados por el bienestar del futuro. Para el cavernícola la única preocupación era proveerse con el alimento diario. El hombre civilizado no solo debe preocuparse por el pan de hoy, sino también por el de mañana, pasado mañana y las mañanas del futuro.

Las naciones industrializadas tienen el deber moral de colaborar con los países más pobres prohibiendo la importación de todas aquellas especies en peligro de extinción. Es de vital importancia que todas las naciones ratifiquen la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (Cites).

Una nación incapaz de cuidar su gente y su fauna, está parcialmente perdida tanto en lo social, emocional, moral y en cuanto a su misma supervivencia. Como conservacionista, diré que la vida animal en Latinoamérica ha sido descuidada por demasiado tiempo y solo en los últimos cinco o seis años se ha despertado el interés por nuestra flora y fauna. Los problemas que afrontamos son enormes. Algunos resultados han sido efectivos, pero se necesitan aún más estudios para justificar debidamente la creación de más reservas y santuarios para animales salvajes. Esta labor debería tener una de las más altas prioridades, entre otras razones, porque los gobiernos latinoamericanos dependen en forma importante de los ingresos de la venta de sus recursos naturales.

Las demandas de las economías locales pueden alentar la explotación de tales recursos en proporciones aún mayores que las actuales, ocasionando la explotación masiva de estos recursos y el consecuente empobrecimiento de nuestros bosques tropicales de lluvias, lagos, ríos y mares. Con el descubrimiento de considerables recursos petrolíferos en la Cuenca Amazónica, el peligro de la contaminación de los ríos es crítico, y la necesidad de un adecuado control, por medio de una legislación, se torna un requisito esencial. La cooperación y apoyo de los gobiernos más avanzados será fuente de estímulo para los conservacionistas y los líderes de la opinión pública de nuestro continente empeñados en la solución de estos problemas que interesan a toda la humanidad.

Al proteger la diversidad ecológica estamos garantizando nuestra propia supervivencia. Si destruimos la reserva genética, el precioso capital con que contamos en la naturaleza, la agricultura dejará de producir la gran cantidad de alimentos que el ser humano necesita para sobrevivir. Los bosques tropicales de lluvia, dad su delicada composición requieren de especial cuidado por poseer la más rica expresión de vida en la tierra. Es por este motivo que su penetración por medio de construcción de carreteras, válida y justificada en muchos aspectos, debe ser motivo de meditación y de los pertinentes estudios, pues debemos entender el peligro que tales proyectos pueden conllevar.

Hoy, más que nunca, nuestros líderes políticos tienen una responsabilidad mayor al tomar decisiones que afectarán a las futuras generaciones. Responsabilidad que aumenta cuando existe la posibilidad de que una resolución precipitada pueda llevar consigo cambios y daños irreversibles.

Para salvar a nuestro hemisferio debemos trabajar al unísono. La Organización de los Estados Americanos debe tener la suficiente autoridad para insistir que nuestros países cumplan una estricta adhesión a los convenios acordados. Debe tratar de coordinar las legislaciones con las regulaciones establecidas para salvaguardar nuestros ríos, lagos y mares. Debe alertar al mundo sobre la amenaza que significan los buques tanques petroleros y específicamente sobre la posibilidad que el hundimiento de tales barcos ocasione terribles consecuencias, sobre todo en zonas como las cercanas Islas Galápagos. Debe estar presente en aquellas regiones donde la autoridad combinada de dos o más o países hace que las legislaciones pierdan su efectividad, al menos para uno de los países, en forma que se incita un contrabando dañino que se trata de impedir. Me refiero al Amazonas y, en especial, a Leticia.

Debe, asimismo, insistir en obtener de ciertos estados la prohibición de importar los productos que en sus países de origen no son exportables, considerando esta actividad como un contrabando y cuyo país importador no los define como tal, a pesar del pedido de la nación interesada en proteger esa especie en peligro de exterminación. Estoy pensando en la vicuña. El miembro más pequeño de la familia de los camélidos tiene la mala fortuna de poseer la lana más fina del mundo, lo cual la hace envidiable presa para los cazadores furtivos. Durante el Imperio de los Incas, la vicuña era protegida por leyes estrictas que condenaban con la muerte a quien las violara. A comienzos del siglo había alrededor de solo cuatrocientos mil vicuñas. A través de los años, este número fue disminuyendo en proporción inversa a la demanda por su lana, debido a que el hombre solo podía capturarla dándole muerte, ya que su naturaleza extremadamente arisca hacía imposible su captura y menos su crianza.

Esta matanza sistemática tuvo como consecuencia la reducción del número de vicuñas a cifras dramáticas. En 1965 su población era estimada entre cinco mil y seis mil en el Perú; mil quinientas en Bolivia; un máximo de dos mil en Argentina; alrededor de setecientas en Chile y extinguida en Ecuador. Tuvimos que trabajar rápidamente y la primera reserva se estableció en Pampa Galeras, Perú. En 1976 esta reserva contenía no más de seiscientos animales y a pesar de su vigilancia, los resultados eran negativos. Se consideró la necesidad de otras medidas y se vio que era de suma importancia coordinar la legislación entre los países donde habita la vicuña y así en 1970, el Acuerdo de La Paz, convenio entre Bolivia y Perú, fue firmado y luego ratificado por Argentina y Chile. De conformidad con este acuerdo estos países también han creado reservas individuales. Desafortunadamente debido a la continua demanda por este producto de lujo, la caza ilegal prosigue, empleándose armas automáticas y de precisión. La lana de la vicuña, como materia prima, eventualmente llegaba a las industrias textiles norteamericanas y europeas.

Con la ayuda del Fondo Mundial para la Naturaleza, de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, Fauna Preservation Society y de muchas otras organizaciones de conservación, se solicitó a los gobiernos de Europa y América que prohibiesen la importación de las pieles finas y la lana. Los Estados Unidos y Gran Bretaña fueron los primeros en cumplir este pedido. Sin embargo, otros países como Francia no han acatado estas disposiciones, por lo que el contrabando continúa a precios astronómicos.

El incentivo que significan tales beneficios es tan alto, que cazadores sin escrúpulos no se detienen ni ante el crimen y así resultó, el año pasado, la muerte de un inocente guía peruano y las lesiones a dos guardias.

Hoy día, gracias a una eficiente administración peruano alemana, las reservas de Pampa Galeras contienen alrededor de trece mil vicuñas y el total en el Perú ha aumentado aproximadamente a veinte y tres mil animales. Asimismo, hay incremento en el resto de reservas establecidas y esperamos poder reintroducir la vicuña en el Ecuador. Se está acercando el día en el que con un sistema de captura científica y humanitaria podamos trasquilar la vicuña para que su lana pueda compartir honores con la cachemira, en forma tal, de que productores y consumidores puedan aprovechar los beneficios de su introducción a la industria sin peligro para la conservación del bello animal. Este es un buen ejemplo de cómo un recurso natural renovable puede incrementarse para el beneficio de muchos.

Considerando este y otros problemas de la conservación mundial de la vida silvestre, debiéramos recordar la observación del gran humorista norteamericano Mark Twain: “El hombre es el único animal que se ruboriza o que necesita hacerlo”.

(*) Esta alocución fue incorporada en el Record del Congreso de los Estados Unidos a solicitud del honorable E. de la Garza de Tejas, integrante de la Cámara de Representantes en la 94 reunión del Congreso – Primera Sesión. Jueves 27 de febrero de 1975.
"Somos un pueblo sin preocupaciones por nuestras riquezas. Con escalofriante conformismo observamos cómo saquean nuestros recursos naturales. Ayer fue el caucho, luego la madera y ahora tal vez en estos minutos, nuestra selva sea escenario del más cruento de los crímenes contra indefensas criaturas: los animales”.

Felipe Benavides
Lima, 1964

Función social de los zoológicos

El Comercio, octubre 27 de 1971

Por: Felipe Benavides (*)

La función social, cultural, científica y educativa de los zoológicos está ampliamente justificada por las estadísticas internacionales. El zoológico de Pekín, es sin duda, el que reúne anualmente más público, seis millones de visitantes. Los de San Diego, Bronx-Nueva York, Moscú, Hamburgo, Londres, Barcelona, Berlín, Cantón, Amberes, etc., están dentro de los cuatro millones de visitantes. El de Frankfut , que reúne anualmente cuatro millones y medio de visitantes, es quizá el más técnico, ya que está bajo la dirección del eminente biólogo y profesor Bernardo Grzimek, asesor del gobierno de la República Federal de Alemania sobre conservación de la vida silvestre y gobernador del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF).

El departamento de Ciencias Educacional de la Universidad de Frankfurt ha efectuado un estudio sumamente ilustrativo sobre la asistencia en el zoológico de esa ciudad. Más de la mitad de los visitantes habían ya visitado el zoológico tres veces. Solamente cada cinco era de Frankfurt, el 37 por ciento de Hesse y el 41 por ciento del resto de Alemania y Europa. A pesar de las distancias, los visitantes repiten sus visitas varias veces al año, lo que prueba de que es un centro turístico importante para la economía de la ciudad. La mayoría permanecen más de cinco horas. Los adultos varían entre 35 a 64 años; 26 por ciento son empleados, 22.5 por ciento amas de casa y madres, 14.5 por ciento obreros, 13.5 por ciento empleados públicos y 14 por ciento niños. (No se contó universitarios y colegiales que ingresan en grupos). Familias de tres miembros representan tres cuartas partes de todos los visitantes.

Preguntados la razón de su visita, 2/3 contestaron por cariño a los animales, los demás por acompañar a sus hijos o por los avisos de televisión, diarios, revistas y libros. 33 por ciento de los visitantes consideran el zoológico como un centro recreacional, 33 por ciento como un santuario para los animales en peligro de exterminación, 20 por ciento como un lugar de recreo y 14 por ciento como centro de estudios científicos y veterinarios.

Casi no hay una capital o ciudad importantes en el mundo que no tenga su zoológico. Los zoológicos son indiscutibles centro de unión de la familia; allí se juntan el anciano y los niños menores, promueve la salud y la felicidad del pueblo, ofreciendo, a la misma vez, una oportunidad visual de las riquezas naturales de su patria, del mundo y la forma como defenderlas. En pocas horas muestran al turista muchas de las tradiciones y bellezas que reúne el país.

Los zoológicos deben de estar debidamente diseñados y construidos por ESPECIALISTAS, para que así los animales que habitan esos refugios no solamente vivan muchos años en cautiverio, sino también se reproduzcan y se salven de un exterminio injustificado. La seguridad del público y de los animales es una responsabilidad de los arquitectos encargados del diseño y control de las obras.

El caballo Przewalski ha sido salvado de su extinción debido a los zoológicos de Rusia. El Oryx de Arabia debido a varios zoológicos, entre ellos el de Phoenix en los Estados Unidos. El oso panda de Pekín, donde se reproduce continuamente. Quizá el Perú aún tendría ejemplares de chinchilla, si estas se hubieran conservado en un eficiente zoológico.

Sería oportuno que el Servicio de Parques dé importancia a la esencial función social de los zoológicos y brinde la debida atención que merece el Parque de Las Leyendas, que se encuentra desde algún tiempo algo “olvidado”. Pues, como es un centro de atracción turística, es lógico que cualquier descuido repercute en el prestigio del Perú.

El hecho de que la zona sierra se encuentre “clausurada” desde hace más de un año mortifica y crea protesta en el 70 por ciento del público, que es de origen serrano.

Un bello zoológico botánico es un prestigio de una nación digna de maravillosa fauna y flora. El Perú todo lo tiene.

(*)  Diplomático, conservacionista, presidente fundador de la Sociedad Zoológica del Perú y gestor, fundador y presidente del Patronato del Parque de Las Leyendas.