sábado, 10 de junio de 2017

Vicuñas de aniversario: 50 años de Pampa Galeras

Por: Wilfredo Pérez Ruiz (*)

El 18 de mayo se han conmemorado las cinco décadas de la creación de la afamada Reserva Nacional de Pampa Galeras, situada en las alturas de la acogedora provincia de Lucanas (Ayacucho). Este hermoso, complejo y quebradizo escenario es el más simbólico en la supervivencia de la vicuña. 

Los entretelones de su fundación están llenos de peripecias que deben conocerse con el afán de apreciar el aporte, el compromiso y la entrega de sus artífices. En tal sentido, existió un filántropo íntimamente vinculado con esta hazaña: Felipe Benavides Barreda, un apasionado defensor de nuestro exuberante patrimonio natural que se consagró a este quehacer y, además, aglutinó -por su avasalladora e incorruptible personalidad- admiraciones, reconocimientos, críticas, odios y bajezas. El Perú tiene una deuda de gratitud con este conciudadano que esparció sin desmayos las principales semillas de los asuntos verdes.  

Siendo discípulo en el London School of Economics de Gran Bretaña (1938) realizó investigaciones sobre el contrabando de fibras, descubrió sus orígenes, modalidades y las empresas dedicadas al embarque de fardos mezclados con vicuña. Después de enmarañadas indagaciones halló en una biblioteca la publicación “The rarer wools” que revelaba que la firma James Johnston & Co. había sido el primer importador de su lana a Europa.   

A su retorno al país viajó por la región andina para verificar la situación de este recurso. A sus manos llegó el único trabajo serio elaborado sobre el comercio de su lana titulado “La vicuña y la puna”, del científico alemán Carl B. Koford y accedió a la dilatada producción legislativa del senador Carlos Barreda Ramos, presidente del Comité Nacional de Protección de la Naturaleza y autor del libro “Los recursos naturales del suelo peruano”.   

Tiempo más tarde, se comenzó a vislumbrar la posibilidad de instaurar el primer refugio de esta especie. Entre junio de 1965 y marzo de 1967, el Servicio Forestal y de Caza del ministerio de Agricultura contó con el asesoramiento de la cartera británica de Desarrollo en el Extranjero representada por el biólogo Ian Grimwood (con amplia experiencia en la organización y conducción de parques nacionales de Kenya y otras naciones africanas). Sus pesquisas señalaron entre 5,000 a 8,000 vicuñas, desplazadas en su mayor parte en Pampa Galeras.   

De modo que, sus estudios sustentaron las diligencias destinadas a erigir esta reserva. La asertiva intervención de Flavio Bazán Peralta y Benjamín Almanza Ocampo, funcionarios del Servicio Forestal y de Caza, posibilitó que los campesinos de Lucanas confirieran una porción de sus dominios para establecer esta zona protegida que alberga aproximadamente el 70 por ciento de su población. El 17 de octubre de 1966, se suscribió el acuerdo por el que esta colectividad otorgó 6,500 hectáreas para implantar la Reserva Nacional de Pampa Galeras.   

En estas negociaciones participó el histórico dirigente de Lucanas, Salvador Herrera Rojas, quien apoyó las tratativas llevadas a cabo por las autoridades de la cartera de Agricultura. Coincidiendo con esta efeméride me complace transcribir lo expuesto en mi artículo “En el Día del Campesino: Un quijote de Pampa Galeras” en su homenaje: “…Luchador infatigable en favor de la conservación, manejo y aprovechamiento de esta representativa especie silvestre, lideró un segmento social que sigue anhelando mejorar sus condiciones de vida a partir de la explotación de su valiosa fibra. Su identificación con esta causa lo convirtió en uno de los promotores de la principal reserva de vicuñas del país, ubicada sobre las tierras cedidas por los habitantes de Lucanas. Supo simbolizar a su comarca en momentos espinosos y contrajo responsabilidades que otros evadían. Ser alcalde, gobernador, juez de paz y presidente de la comunidad en las lejanías del ande, no es una posición en donde existan adulaciones o soberbias. Allí se arriesga la vida, la familia y el trabajo”.  

En este recuento es pertinente evocar la contribución del primer director general del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) y comisionado de IFAW Internacional, el prestigioso ornitólogo escocés, Ian MacPhail y de la Sociedad Zoológica de Frankurt que aportó dos millones de dólares por recomendación de su presidente, Bernardo Grzimek. Gracias a la Misión de Cooperación Técnica de la República Federal Alemana arribaron los expertos Rudolf Hoffman y Kai C. Otte, para impulsar la recuperación de este exponente silvestre. Estos renombrados científicos permanecieron diez años y formaron una generación de profesionales dedicados a preservar la vicuña.  

El empeño y liderazgo de Felipe fueron reconocidos por el expresidente Fernando Belaunde Terry. Escribió desde los Estados Unidos, el 3 de octubre de 1977, una misiva en la que consignó estas palabras: “…Tengo que agradecerte una vez más por tu acertado consejo y tu decidida orientación en lo referente a la preservación de la vicuña en Pampa Galeras. Aunque los correspondientes laureles te pertenecen por entero, me halaga que obra tan trascendente se realizara en mi tiempo. Las estadísticas son consagratorias en cuanto al aumento de la población”.  

En Pampa Galeras conviven el camélido sudamericano con la fibra más inestimable del mundo y uno de los más altos niveles de pobreza rural. Una incongruencia de las tantas existentes en la patria de “todas las sangres”. Así también, ha sido el lugar de vastas polémicas y agudas confrontaciones sobre su conveniente explotación sostenible. Por momentos estuvo envuelta en disputas que desencadenaron polarizaciones y facilitaron sórdidas maniobras puestas en práctica por mercenarios del movimiento ambiental, que han convertido esta lúcida causa en una inmoral forma de subsistencia.  

Un episodio nefasto sucedió a finales de la década de 1970, cuando inescrupulosos burócratas del Proyecto Especial Utilización Racional de la Vicuña del portafolio de Agricultura dispusieron la matanza, según el informe final de la Comisión Investigadora de la Conservación y Saca de la Vicuña de la Cámara de Diputados (1985), de 8,045 ejemplares (39 por ciento hembras preñadas). Para justificar esta improcedente determinación, con consecuencia de escándalo, emplearon el absurdo pretexto de una “sobrepoblación”. Años después, las agrupaciones conservacionistas de mayor acreditación global desmintieron las falacias que ampararon este vergonzoso acontecimiento.   

No obstante, el notable aumento de ejemplares facilitó al gobierno -a través de la Comisión Multisectorial de la Vicuña presidida por Benavides- presentar en la sexta conferencia anual de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (Cites), realizada en Ottawa (Canadá, 1987), la propuesta para empezar la fabricación de telas "provenientes de la esquila de animal vivo", registradas con la marca “Vicuñandes-Perú”. Esta petición aprobada por unanimidad fue planteada por encargo de los integrantes del Convenio de la Vicuña (Argentina, Bolivia, Chile, Ecuador y Perú) y dio inicio a una nueva era orientada a impulsar su ansiado usufructo monetario. Era el comienzo de una etapa llena de perspectivas debido a la probada rentabilidad de las prendas de vestir producidas con su fibra.   

En lo personal todavía recuerdo mi primer viaje a Lucanas (1986) y la receptividad de sus moradores que confiaron en mí al nombrarme en una asamblea su apoderado, a fin de interpretar sus justas demandas. Un instante elocuente que atesoro en la retina de mis remembranzas es la audiencia concedida por el presidente Alan García Pérez, el 5 de junio de 1987 -por casualidad el Día Mundial del Medio Ambiente- con la finalidad de solicitar la cancelación de la deuda contraída por el estado con la comunidad, al conferir sus predios para constituir esta reserva.   

Los asiduos cuidados ofrecidos por los pueblos de nuestra serranía han sido determinantes para rescatar de la extinción a la vicuña. Ofrecerles una mejor calidad de vida, a partir de extraer su lana, es la deseable y equitativa retribución a sus denodados sacrificios, alientos y esperanzas. Pampa Galeras encarna el renacimiento de este emblema de inequívoca valía económica, cultural y social.    

(*) Docente, conservacionista, consultor en temas ambientales, miembro del Instituto Vida y ex presidente del Patronato del Parque de Las Leyendas – Felipe Benavides Barreda. http://wperezruiz.blogspot.com/

domingo, 8 de marzo de 2015

El premio Getty de Felipe Benavides

Generacción, enero 2015.

Por: Wilfredo Pérez Ruiz (*)

Hace 40 años Felipe Benavides Barreda (1917-1991), un personaje de renombre por sus exitosos avatares en defensa del patrimonio natural, se convirtió en el primer ganador del galardón “J. Paul Getty para la Conservación de la Vida Silvestre” -equivalente hasta nuestros días a un premio nobel- y en el único connacional en obtener tan honroso reconocimiento. Esta nota es un tributo a quien Mario Vargas Llosa llamó “el último de los idealistas”.

En tal sentido, deseo comentar los orígenes, la repercusión y los entretelones de esta distinción. El filántropo norteamericano Jean Paul Getty (1892-1976), propietario de importantes corporaciones petroleras y de un grandioso imperio mercantil, creyó necesario estimular a las personas dedicadas al cuidado de la naturaleza e instituyó este laurel con el aval del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF).

La convocatoria mereció inmensa acogida y expectativa. En 1974 el jurado lo nominó -entre 525 candidatos provenientes de 42 países- por ser “responsable de muchos avances en la conservación en el Perú y América Latina, y más allá con respecto a especies amenazadas, especialmente, la vicuña y por sus esfuerzos para crear el Parque Nacional del Manu, salvaguardando este frágil vestigio de la desaparición de los bosques lluviosos tropicales de la amazonía. Pionero enérgico que proveyó rayos de esperanza e inspiración para la conservación, notablemente en América Latina, donde se ubica una porción significativa de la herencia biológica del planeta”. Su diploma es la única con la autógrafa del célebre altruista.

El organismo seleccionador lo encabezó el príncipe Bernardo de Holanda, presidente internacional del WWF, e integraron: Robert G. Goelet, presidente de la Sociedad Zoológica de Nueva York; Honrad Lorenz, director del Instituto Max Planck; Bernard Grzimek, presidente de la Sociedad Zoológica de Frankurt; Meter Scout, director ejecutivo del WWF Internacional; Dillon Ripley, secretario del Instituto Smithsonian; Francis Kellogg, presidente del WWF de los Estados Unidos; Anne LaBastille, consultora del WWF; Maurice Strong, director ejecutivo del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente; Russel E. Train, administrador de la Agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos, entre otros.

El acto de premiación estuvo revestido de solemnidades. En ceremonia realizada en la Casa Blanca, el 28 de enero de 1975, el vicepresidente Nelson Rockefeller adjudicó el pergamino. El diario La Prensa (Lima, enero 29 de 1975) informó: “Dirigiéndose a Felipe Benavides, el vicepresidente de los Estados Unidos le felicitó por haber tenido ‘la fuerza que creó reservas para los animales salvajes y parques para la preservación de la naturaleza en el Perú’”. Acompañado de su esposa María Luisa Norlander y del embajador Fernando Berckemeyer, fue recibido por el mandatario Gerald Ford en el Salón Oval.

Este magno acontecimiento llegó a tener alcances mundiales. Los máximos representantes de las monarquías europeas transmitieron sus congratulaciones. El duque Felipe de Edimburgo, el 27 de marzo de 1975, le expresó a Benavides: “He estado fuera y perdí las noticias que ganaste el premio Getty. Estoy realmente contentísimo. No puedo pensar en ninguno que haya alcanzado tanto, teniendo que afrontar tales dificultades. Muchas felicidades”.

El presidente del comité evaluador escribió al presidente del WWF de los Estados Unidos: “Siento muy sinceramente no poder estar con ustedes esta noche para honrar a Felipe Benavides, el ganador del premio “J. Paul Getty” 1974. Sus esfuerzos de pionero en promover cooperación internacional en la defensa de especies latinoamericanas en peligro de extinción y sus infatigables energías en proteger la vicuña y crear el Parque Nacional del Manu, lo ha calificado muy bien para este honor. Su trabajo quedará como un monumento viviente a su desprendida dedicación” (Bruselas, enero 15 de 1975).

Del mismo modo, el jefe de estado norteamericano comunicó sus felicitaciones al creador del galardón: “Fue un gran placer para mí el felicitar al primer ganador del premio Getty, Sr. Felipe Benavides, y escuchar su informe de sus esfuerzos exitosos para salvar a la vicuña de la extinción en el Perú…La conservación y la preservación de la fauna silvestre tiene una alta prioridad, más ahora que nunca, en nuestro país y en todo el mundo. Usted ha hecho una gran contribución a la conservación estableciendo el Premio Getty para la Conservación de la Vida Silvestre. Estoy complacido de que usted tenga la intención de continuar con el premio” (Washington, abril 8 de 1975).

Por su parte, E. de la Garza, miembro de la Cámara de Representantes por Tejas, el 27 de febrero de 1975, pidió a su cuerpo legislativo la anexión del documentado discurso de nuestro conciudadano -pronunciado en la cena de gala celebrada en la sede de la Organización de Estados Americanos (OEA)- en el libro de record del Congreso de los Estados Unidos. Esta solicitud recibió unánime aceptación.

Fiel a su singular estilo destinó los 50 mil dólares del trofeo para el establecimiento del Instituto Paracas. Un centro de observaciones científicas y oceanográficas ubicado a orillas de esta histórica bahía con la finalidad de apoyar la protección de la Reserva Nacional de Paracas; frágil ecosistema marino de las riberas del Pacífico. Al año siguiente es incorporado al jurado, invitado por su alteza real Bernardo de Holanda y Getty, en reemplazo del fallecido investigador Julian Huxley.

También, la prensa local dio amplia cobertura a este evento inédito. La puntiaguda revista Caretas, dirigida por el recordado y valiente periodista Enrique Zileri Gibson (1931-2014), siempre hizo eco de sus acérrimas campañas ambientalistas y reseñó en su edición del 5 de febrero de 1975: “Pero este es un quijote incansable que también se preocupa por las ballenas y los lobos de mar, los cóndores, los monos de la selva y los osos del ande. Y el cruzado finalmente ha creado conciencia de la importancia de preservar nuestra heredad natural. Las razones no son sólo sentimentales. Nuestros recursos renovables están íntimamente ligados al equilibrio ecológico. Este es un factor que ha menudo se desprecia en países del tercer mundo. El necesario afán desarrollista liquida bosques, mares, fauna y flora innecesariamente. Se destruye así lo que en realidad es el primer mundo, dice Benavides, y se atenta contra la supervivencia eventual del propio género humano”.

Este empecinado amante de la naturaleza logró conjugar la ternura con la ciencia y hacer de su impetuoso cometido una causa perseverante, una entrega indesmayable, una bandera en pro del futuro y una revelación invariable de valores en un país herido por un profundo trance moral. Evocar su epopeya es un gesto de entereza en un entorno renuente, titubeante, desagradecido y apático.

Llegó a transcendentes foros como la Academia de Ciencias de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), en donde fue presentado como “naturalista natural”. Los campesinos de la comunidad de Lucanas (Ayacucho), propietarios de los terrenos de la Reserva Nacional de Pampa Galeras, lo dieron el título de “presidente honorario”. Siempre se mostró orgulloso y recompensado por este original tributo.

Su enérgico enfrentamiento con la omnipotente flota naviera del multimillonario griego Aristóteles Onassis (1906-1975), que estaba cazando ballenas en nuestra franja costera a principios de 1950, influyó en la determinación de las autoridades para imponerle una severa multa de dos millones de dólares y expulsarlo del mar territorial. Los asiduos entusiasmos de Felipe fueron aplaudidos y alentados por el “héroe del Atlántico”, Charles Lindbergh y, además, por los signatarios de la Convención Ballenera Internacional.

Fundó numerosas áreas protegidas naturales, salvó a la vicuña de la extinción y promovió la utilización de su fina fibra, impulsó la constitución del Parque de Las Leyendas, lideró las más intensas cruzadas para detener la caza ilegal de la ballena, denunció el tráfico de especies silvestres, gestó leyes y tratados globales en salvaguarda de la existencia animal y se consagró a este lúcido propósito, evadiendo desmayos y claudicaciones.

Trabajó sin insinuar remuneraciones, privilegios o cargos públicos. Echó los cimientos del movimiento ambientalista continental y cuestionó crudamente el sórdido proceder del quehacer ecologista que había caído según sus palabras en el “mundo de la hipocresía, la corrupción y la deshonestidad”. A lo largo de su incesante faena ganó batallas, inspiró envidias, cultivó admiraciones, suscitó polémicas, afirmó anhelos, animó conciencias y despertó afectos. Mi cálido homenaje a este peruano íntegro, activo, vehemente y honorable que supo dejar huellas, sembrar esperanzas y abrir horizontes.

(*) Docente, conservacionista, consultor en temas ambientales, miembro del Instituto Vida y ex presidente del Patronato del Parque de Las Leyendas – Felipe Benavides Barreda. http://wperezruiz.blogspot.com/ - http://fbenavidesbarreda.blogspot.com/
"La mayoría de los países están tan solo preocupados en dar soluciones a sus problemas inmediatos, en vez de mirar hacia adelante y prever el futuro de nuestro planeta, como un todo. La destrucción del mundo animal será indudablemente seguida de la extinción eventual de la raza humana”.

Felipe Benavides 
Washington, 1975

domingo, 23 de marzo de 2014

Los 50 años del Parque de Las Leyendas

La Primera, marzo 23 de 2014.

Por: Wilfredo Pérez Ruiz (*)

El tradicional Parque de Las Leyendas, una de las entidades más emblemáticas de la capital, celebra sus 50 años de fundación. Su magnífica pluralidad arqueológica, botánica y zoológica, ofrece un conjunto singular de atractivos únicos. Sin duda, ésta institución –inaugurada el 20 de marzo de 1964- ha logrado interiorizarse en la memoria colectiva de los limeños. Las añoranzas de miles de compatriotas están vinculadas con su evolución.

Hagamos un recuento para entender los entretelones de su establecimiento. A comienzos de 1960, Lima experimenta los cambios propios de la expansión urbana, la consolidación de pueblos jóvenes, la migración del campo a la urbe y el aumento de las demandas de su población. Estos factores contribuyeron a la reducción progresiva de los espacios para la distracción familiar y el entretenimiento infantil. En América Latina sólo Perú y Ecuador carecían de un zoológico.

Los pormenores que permitieron hacer realidad el Parque de Las Leyendas –el lugar público más visitado del país con 2,7 millones de personas al año- involucró la participación de cuatro peruanos en particular: Fernando Belaunde Terry, Felipe Benavides Barreda, Violeta Correa Miller y Enrique Barreda Estrada, quienes sumaron esfuerzos y voluntades para cristalizar un sueño integrado al desarrollo de la metrópoli.

Sobre una extensión inicial de 24 hectáreas, cedidas por la Sociedad de Beneficencia Pública de Lima, comenzó la cimentación de su primera etapa (1963). Se compraron 84 hectáreas a la Pontificia Universidad Católica del Perú y se aceptó la donación de tierras de las haciendas Queirolo y Conchas. En relación a la futura entrada se empezó la obra desde la avenida La Marina hacia la esquina del estanque Maranga.

Por su parte, Ernesto Gastelumendi –prestigioso arquitecto que participó en este proyecto- en su artículo “Remanso en medio de la agitada ciudad” (1989), aseguró: “Se consideró que para exponer una visión integral del Perú debían estar representados elementos de nuestra cultura en diversas épocas y regiones. En la entrada orientaban al público ocho paneles con el texto y expresiones pictóricas de las leyendas u origen de nuestra cultura, obra del pintor Sabino Springuett, poniéndose así en evidencia la intención del parque”.

Años más tarde se convocó al especialista norteamericano Robert Everly -considerado una autoridad internacional en el diseño, construcción y mantenimiento de jardines botánicos y parques zoológicos- para elaborar el documento de planificación de mayor importancia de esta entidad: el Plan Maestro. Su empresa McFadzean, Everly and Associates había edificado más de mil zoológicos a nivel mundial. La relevancia del Parque de Las Leyendas no solo radica en su valor recreativo, sino en su influyente rol sensibilizador acerca de la conservación de especímenes en peligro de extinción, la educación ambiental y la actividad turística. Así lo aseveró Felipe Benavides: “Casi no hay una capital o ciudad importante en el mundo que no tenga un zoológico. Los zoológicos son indiscutibles centros de unión de la familia; allí se juntan el anciano y los niños menores, promueve la salud y la felicidad del pueblo, ofreciendo, a la misma vez, una oportunidad visual de las riquezas naturales de la patria, del mundo y la forma de defenderlas. En pocas horas muestran al turista muchas de las tradiciones y bellezas que reúne el país”. (“Función social de los zoológicos”, 1971).

La biodiversidad de nuestro territorio se encuentra expresada en la Zona de la Peruanidad, constituida por la costa, sierra y selva. Un amplio espacio en donde el visitante logra tener una visión regional; además de la Zona Internacional. El jardín botánico y el complejo pre inca brindan un alcance excepcional al recorrido. Posee 1,800 géneros de flora, 205 especies de animales y 53 huacas que sugiero aprovechar para desplegar una intensa tarea educativa, cultural y social.

El Parque de Las Leyendas reúne un sinfín de sitios con insospechados anécdotas. El Espejo de Agua es un escenario apacible erigido con los adoquines de la fachada del Panóptico (la antigua cárcel de Lima); la antigua bolichera donada por el magnate pesquero Luis Banchero Rossi; una mina modelo que describe los procesos de la actividad minera; el bello mural en honor a San Francisco de Asís trabajado por los 25 años del Fondo Mundial para la Naturaleza (1986); el atractivo pabellón “Celestino Kalinowski” –asentado en 1966 sobre la estructura metálica del stand de los Estados Unidos en la Feria Internacional del Pacífico- posee una muestra inédita de aves disecadas por este deslumbrante taxidermista y ornitólogo cusqueño; el bambú que puebla la selva fue trasplantado desde los terrenos en donde se principió a erigir la vía expresa que une Lima con Barranco.

Varios museos temáticos ofrecen la posibilidad de conocer nuestra geografía y antepasados, entre otros aspectos consignados a afianzar nuestro sentido de pertenencia; un vagón con la semblanza ferroviaria del país colmado de ilustrativas fotografías, planos y mapas; el novedoso aviario con el alegórico gallito de las rocas; el amplio ambiente Pampa Galeras presenta una cantidad elocuente de vicuñas; y una reproducción de la afamada piedra de Saywite.

Disfrutar de una laguna para paseos en botes, caídas de agua, caballeriza, la ambientación del cuento de Abraham Valderomar “El caballero Carmelo”, auditorios, felinario y áreas de picnic, entre otras novedades, suscitan acudir a este reducto de la peruanidad que forma parte del legado de la “Ciudad de los Reyes”. Un lugar que da la oportunidad de echar un vistazo al inmenso valor del patrimonio ambiental e histórico de una nación “que tiene escrito en el libro de su historia, un porvenir grandioso”, como anotara Antonio Raimondi.

Es imposible recordar el Parque de Las Leyendas sin evocar a su más representativo gestor, fundador y presidente ad honorem: Felipe Benavides (1917-1991). Un peruano que condujo, con honestidad, entrega y esmero, el patronato durante sus períodos más significativos y, además, ganó batallas, inspiró envidias, cultivó admiraciones, suscitó polémicas, afirmó anhelos y despertó afectos. Su reminiscencia siempre estará vinculada al parque de sus ilusiones, desvelos y realizaciones.

En palabras de nuestro memorable ex presidente Fernando Belaunde Terry: “El Parque de Las Leyendas, humildemente, sin alardes ni dispendios, florece en las plantas, palpita en los animales e inspira en los restos y las tradiciones del Perú milenario. Y cada nuevo brote, cada nuevo alumbramiento, cada nuevo hito de peruanidad que allí aparezca, será como un mensaje póstumo del recordado conservacionista”.

(*) Docente, conservacionista, consultor en temas ambientales, miembro del Instituto Vida y ex presidente del Patronato del Parque de Las Leyendas – Felipe Benavides Barreda. http://wperezruiz.blogspot.com/
"No se puede respetar la dignidad del ser humano, mientras el ser humano no respete la dignidad de la naturaleza".

Felipe Benavides
Lima, 1984

martes, 18 de febrero de 2014

Felipe Benavides: El legado de un peruano ejemplar

Generacción, febrero 2014.

Por: Wilfredo Pérez Ruiz(*)

El recordado conservacionista Felipe Benavides (Lima, agosto 7 de 1917- Londres, febrero 21 de 1991) exhibió una trayectoria consagrada a un preclaro ideal: el resguardo de la supervivencia silvestre, el hábitat y el patrimonio natural. Luchas incomprendidas en momentos en que los asuntos medioambientales eran ajenos a las demandas sociales inmediatas.

Enriquecieron su vida las multifacéticas vivencias -propias de su educación familiar y condición de clase- experimentadas en su juventud. Ostentó una personalidad avasalladora, seguro de sí mismo, con espíritu emprendedor y nutrido por la influyente sapiencia europea de mediados del siglo XX. Agresivamente franco, frontal e implacable para defender nobles causas. Mario Vargas Llosa anotó: “Con mi respeto y admiración al último de los idealistas”.

Durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), cuando se desempeñaba como primer secretario de la misión diplomática peruana en Londres, ofreció su ayuda humanitaria a la Cruz Roja Internacional conduciendo ambulancias y rescatando a las víctimas de los incesantes bombardeos alemanes sobre la metrópoli inglesa. Esta experiencia sensibilizó su vocación por la protección de las fuentes de alimentación de las poblaciones afectadas por la conflagración.

Aristócrata de nacimiento e integrante de una estirpe enraizada con la república. Felipe se comprometió con la necesidad de alcanzar el desarrollo sostenido usufructuando las extraordinarias riquezas oriundas y, por cierto, respetando las ancestrales tradiciones de los villorrios. Una de sus victorias más significativas fue salvaguardar a la vicuña e impulsar el empleo de su fibra para mejorar la economía del campesinado.

El primer campanazo en su enérgico avatar se produce en 1953 a los 36 años de edad. Se enfrentó a la poderosa flota pesquera del multimillonario Aristóteles Onassis, presionó al gobierno para imponerle una severa multa y lo obligó a retirarse de nuestro litoral. Gracias a su denuncia la Marina de Guerra del Perú intervino y apresó al barco “Olympic Challenger” de 18,000 toneladas. Esta incursión costó al magnate griego dos millones de dólares de sanción, aunque no recuperamos las 4,000 ballenas cazadas en forma despiadada.

Evidenció su inquietud por la educación, la recreación y el esparcimiento familiar al proponer la construcción de un nuevo zoológico en la ciudad. En este empeño cumplió una labor significativa: gestó, fundó y presidió ad honorem del Parque de Las Leyendas (durante casi 15 años) y logró posesionar este indudable escenario en la reminiscencia de los limeños.

Tiempo más tarde y después de estudiar los informes del biólogo británico y héroe de la Segunda Guerra Mundial, Ian Grimwood y del estudioso Carl B. Koford, Benavides planteó la creación de la Reserva Nacional de Pampa Galeras. Para este propósito consiguió la invalorable aportación del presidente de la Sociedad Zoológica de Frankurt, el profesor alemán Bernardo Grzimek, quien gestionó dos millones de dólares -provenientes de la República Federal Alemana- en ayuda técnica para esta área protegida de vicuñas.

El establecimiento de esta reserva -dedicada al cuidado, manejo y explotación de este animal silvestre- se concretó con la participación de la comunidad de Lucanas, que cedió parte de sus tierras a cambio de recibir asistencia gubernamental. Mantuvo un trato recíproco con los aldeanos ayacuchanos que, además, lo nombraron su presidente honorario. “Soy el único Benavides que es presidente de una comunidad campesina y que no es socio del Club Nacional”, decía con orgullo.

Los esfuerzos de Felipe Benavides recibieron la justa gratitud del ex presidente Fernando Belaunde Terry, quien en 1977 le escribió: “Tengo que agradecerte una vez más por tu acertado consejo y tu decidida orientación en lo referente a la preservación de la vicuña en Pampa Galeras. Aunque los correspondientes laureles te pertenecen por entero, me halaga que obra tan trascendente se realizara en mi tiempo. Las estadísticas son consagratorias en cuanto al aumento de la población”.

Pasó a la historia del movimiento conservacionista, entre otras numerosas consideraciones, por haber sido el primer ganador y único compatriota hasta nuestros tiempos en merecer el premio “J. Paul Getty” (1975) -otorgado por el jurado presidido por su alteza real Bernardo de Holanda-, en reconocimiento a su rol para preservar a la vicuña de la extinción y “por sus esfuerzos para crear el Parque Nacional del Manú”. Su amigo, el príncipe Felipe de Inglaterra –presidente honorario del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF)- le manifestó en una nota: “Yo he estado fuera y perdí las noticias de que te ganaste el premio Getty. Estoy realmente contentísimo. No puedo pensar en ninguno que haya alcanzado tanto, teniendo que afrontar tales dificultades. Muchas felicidades”.

Su cometido mereció el elogio del príncipe Bernardo de Holanda, quien declaró al entregarle la distinción Orden “Van de Guoden Ark” (1973): “...Esta orden es conferida, por su enérgico liderazgo en la conservación de la fauna silvestre en América Latina y en particular por su participación en salvar a la vicuña de la extinción”. Por su parte, el Felipe de Inglaterra en una misiva enviada en 1985 al escocés Ian MacPhail, fundador del WWF Internacional, afirmó: “Estoy muy complacido en saber que él (Felipe Benavides) está tan activo como siempre. Espero que su especie no esté en peligro, de lo contrario, todo el movimiento de conservación se colapsaría. La realidad es que él, es un espécimen único de esta especie y tiene que hacer cosas a su propia manera. Le deseo todo el éxito”.

Bregó activamente con las agrupaciones campesinas y nativas. Empecinado protector de la intangibilidad de la Reserva Nacional de Paracas -amenazada por la sobreexplotación de la concha de abanico-, intervino en la fundación de la Reserva Nacional Salinas y Aguada Blanca y alentó campañas contra el tráfico ilegal de la flora y fauna. El oso de anteojos, la taruca, el lobo de mar, la nutria de río y el tigrillo, fueron algunas de las variedades silvestres merecedoras de su atención. Fue determinante su asesoría en la preparación del capítulo denominado “De los Recursos Naturales” de la Carta Magna de 1979.

Obtuvo la aprobación en la sexta conferencia anual de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (Canadá, 1987), de la propuesta del estado peruano para elaborar telas de lana de vicuña provenientes de la esquila de animal vivo –registradas con la marca “Vicuñandes-Perú”- con el unánime respaldo de la congregación científica. De esta manera, se iniciaba una nueva etapa en la utilización racional de este camélido para beneficiar a las circunscripciones andinas.

Felipe ganó batallas, inspiró envidias, cultivó admiraciones, suscitó polémicas, afirmó anhelos y despertó afectos en los habitantes de la serranía. Su memoria estará vinculada con la tutela de los recursos naturales y los ecosistemas. Fue un visionario adelantado a su época que sensibilizó a la sociedad acerca de la vigencia de los asuntos “verdes”. Su voz llegó a representativos foros como la Academia de Ciencias de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) en donde fue presentado como “naturalista natural”.

Su mensaje también es un referente cívico y moral que debe inspirarnos a mantenernos firmes e incólumes en nuestros principios y valores. Demostró consecuencia y evadió dejarse vencer por las apatías de una nación invertebrada, convulsionada e insolidaria. Hizo de la honradez, la valentía y la lealtad, una convicción que definió sus actos en todo tiempo, circunstancia y lugar. Tenía un elevado concepto del honor y la dignidad.

Evocar a tan afamado conciudadano es un gesto de entereza en un entorno renuente, ingrato y ausente de filiación colectiva para valorar las confrontaciones libradas en amparo de nuestros propios intereses. Su proceder estuvo dedicado al país con el que lo unió un sentimiento diferente, agudo y disconforme que nunca ocultó. No obstante, su quehacer se enmarcó dentro de esas emociones enaltecedoras. Trabajó por el bien común hasta el último suspiro de su existencia sin insinuar remuneraciones, privilegios o mezquindades.

Sus palabras: “Los 20 millones de peruanos de mañana no perdonarán nunca a los que hoy, si les destruimos su fuente alimenticia por haberla descuidado o simplemente exportado, como fue el guano, caucho, maderas, pieles, chinchilla y, por poco, la vicuña. Cuidado y visión hacia el futuro es la única posibilidad de resolver este problema” (1974), hablan de su constancia para asegurar el capital ecológico a las presentes y venideras generaciones. Esta es la inapreciable herencia de un hombre apasionado, íntegro y probo.

(*) Docente, conservacionista, consultor en temas ambientales, miembro del Instituto Vida y ex presidente del Patronato del Parque de Las Leyendas – Felipe Benavides Barreda. http://wperezruiz.blogspot.com/
"La conservación es lucha permanente,independencia indispensable para decir la verdad y toda la verdad. Ética, como todo en la vida, es la mayor fuerza que tiene el hombre para defender la vida".

Felipe Benavides
Lima,1989

domingo, 5 de enero de 2014

Los pioneros del Manu: 40 años después

La Primera, junio 2 de 2013

Por: Wilfredo Pérez Ruiz (*)

El 5 de junio se cumplen cuatro décadas de la creación del afamado Parque Nacional del Manu. Uno de los refugios naturales más atractivos y admirables de la región que sigue concitando la intensa atracción de la comunidad científica mundial.

He querido compartir esta nota -después de una investigación durante la que he tomado contacto con los verdaderos autores que impulsaron la fundación del Parque Nacional del Manú- con el propósito de dar a conocer los entretelones y personajes involucrados en la gestación esta singular área protegida. Este es un homenaje al puñado de conservacionistas que participación en esta hazaña.

En 1963, cuando el conservacionista peruano Felipe Benavides Barreda (1917 – 1991) estaba de visita en el Museo de Historia Natural de Smithsonian (Washington) admiró el conjunto de dioramas representativo de las aves de nuestra selva. Su amigo, el secretario del Smithsonian, Dillon Ripley le informó que el responsable era el taxidermista y ornitólogo cusqueño Celestino Kalinowski Villamonte.

Celestino estudió en los laboratorios del departamento de Zoología del Museo de Historia Natural de Chicago. Descubrió en la región de Marcapata (1950) un carapacho desconocido hasta aquella fecha que, actualmente, se denomina en su honor “Drymaeus Coelestini”. Siempre fue reconocido por la calidad de sus trabajos.

Kalinowski –quien vivía 28 años en la zona del Manú- se reunió en 1965 con el presidente del Patronato de Parques Nacionales y Zonales (Parnaz), Benavides, a quien señaló la importancia de prohibir la entrada al Manú. Tenía información que madereros, buscadores de oro y cazadores, principiaban a ingresar y, además, aseguró que era un lugar único en nuestra amazonia y que, por lo difícil de su acceso, mantenía intactos sus ecosistemas.

Tiempo más tarde, en comunicación del 6 de enero de 1967, Kalinowski señaló a Felipe: “Siempre, en el manifestado deseo de brindar mi máxima colaboración me permito sugerir que a la brevedad posible se disponga la medida proteccionista de declarar ZONA RESERVADA, toda la Hoyada del Manú, que con absoluta seguridad constituye la única zona en la que todavía exista la fauna y flora casi intacta o virgen, con tal medida, se iniciaría la formación de los Parques Nacionales que lamentablemente no han sido ni creados, ni realmente valorizados. La urgencia manifestada, viene motivada por la presencia en la región referida, de grupos de estudio para la explotación de madera. Los posibles linderos de la Zona Reservada, serían los que comprendan desde la quebrada de Juárez, con todos los afluentes que forman el río Manú desde sus nacientes; y, por la Cordillera, hasta llegar a TRES CRUCES”.

Este taxidermista -para constatar lo señalado en su epístola- invitó al prestigioso biólogo británico Ian Grimwood a visitar el Manú y presentar un informe al presidente del Parnaz y al director del Servicio Forestal y de Caza del ministerio de Agricultura, Flavio Bazán Peralta. En su estudio Grimwood escribe emocionado: “...la cuenca del Manú, es una de las pocas localidades en el Perú que da oportunidad de observar la vida silvestre en su estado natural en toda su magnitud”. En su escrito enfatiza la ventaja del Manú, sobre otras regiones de la selva y la sierra, por conservar todavía poblaciones numerosas del lagarto negro, lobo de río, charapa o tortuga de río, taruca, oso de anteojos, entre los recursos andinos y sub-tropicales.

En mérito a esta investigación se expidió, el 7 de marzo de 1968, el decreto reservando un área de 1`400.000 hectáreas en la cuenca del río Manú, comprendiendo los departamentos del Cusco y Madre de Dios, para el futuro parque nacional. Seguidamente, se nombró una comisión integrada por representantes del Servicio Forestal y de Caza, la Oficina Nacional de Evaluación de Recursos Naturales (ONERN) y la dirección de Colonización, a fin de presentar un proyecto sobre sus futuros límites definitivos.

A partir de las tratativas iniciadas por el presidente del Parnaz ante el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF), se recibió la primera donación proveniente de una colecta entre la niñez realizada en Gran Bretaña ascendente a 100 mil soles. El Parnaz contribuyó ese año con igual ayuda económica. En julio de 1967, la filial americana del WWF envió una colaboración de 4,620 dólares y el vice-presidente del WWF Internacional, Lukas Hoffmann, llegó al Perú con el propósito de ofrecer su cooperación.

El 5 de junio de 1973 se concreta el Parque Nacional del Manú -mediante D.S. Nro. 644-73-AG- comprendiendo una extensión de 1`532.806 hectáreas entre los 200 hasta los 4,800 m.s.n.m. De esta manera, se creaba el parque nacional de bosque húmedo más grande del mundo y el noveno en extensión.

Parte de su enorme potencial ecológico lo constituyen aves, reptiles, mamíferos y batracios. Sólo en una extensión de 200 hectáreas fueron identificadas 468 variedades de aves; además, de encontrar nueve especies de primates, así como pumas, caimanes, gallito de las rocas, venado de cola blanca y capibara. En su interior habitan numerosos nativos de las comunidades machiguenga, yaminahuas y amahuacas.

Para impulsar el desarrollo de esta área natural la Sociedad Zoológica de Frankfurt -a través de la Asociación Pro-Defensa de la Naturaleza (Prodena), cuyo director ejecutivo era Augusto Urrutia Prugue- entregó 25 mil dólares por concepto de equipos. Por su parte, la Unión Mundial para la Naturaleza (UICN) y el WWF participaron con ayuda técnica y económica para la preparación de su Plan Maestro.

Gracias a la Asociación Prodena se orientó la administración, organización y capacitación de guardaparques, gestionándose partidas presupuestales para lograr un adecuado manejo del área. Esta entidad entregó una red de comunicaciones para la implementación de las estaciones de Akanaco, Pakitsa, Bocamanú y una estación móvil, en Madre de Dios, ascendiendo la donación a casi un millón de soles.

Nuevamente, el interés por conocer este parque se manifiesta cuando un grupo de destacados científicos vinieron a nuestro país en 1975. La delegación la integraban Thomas E. Lovejoy, director científico del WWF de los Estados Unidos, Ann La Bastille, ganadora de la medalla de oro del WWF -por haber salvado a la famosa ave guatemanteca Quetzal- y George Woodwel. Fue imposibilitado el viaje del famoso astronauta Nils Armstrong, quien también estaba invitado. El recorrido -organizado por Felipe Benavides- llevó a los expertos hasta los límites del parque con el afán de tener contacto con las colectividades indígenas.

La Bastille escribió para la famosa revista Audebaun el primer artículo publicado en los Estados Unidos sobre el Manú. Allí recoge las palabras de Benavides: “Será en el futuro este lugar maltratado por las invasiones de científicos, turistas y negociantes de la conservación y nunca más podrán volver a apreciar lo que hoy día admiramos”.

La inspiración de Celestino Kalinowski continúa mereciendo la expectativa internacional. Diversas revistas europeas han dedicado ediciones enteras a este recóndito paraíso silvestre. El conocido cineasta y biólogo británico Tony Morrison, produjo la película “A park in Perú” (“Los parques en el Perú”), seleccionada entre las cuatro mejores para exhibirse en la Segunda Conferencia Mundial de la Naturaleza. Esta producción –dos veces transmitida por la televisión británica y promovida por la BBC de Londres- muestra la variada cantidad de especies del Manú. Así también, incluye vistas del emblemático gallito de las rocas.

En nuestro medio la historia suele con frecuencia ser olvidada o distorsionada. “El pueblo tiene una picota para quien le miente, pero también, para quien no le dice la verdad a tiempo”, afirmó el político y pensador cubano José Martí. Los peruanos debemos conocer, apreciar y valorar a los auténticos promotores de tan maravilloso escenario natural que contribuye –por su esplendor y biodiversidad- a afianzar nuestro orgullo e identidad nacional.

(*)Docente, conservacionista, consultor en temas ambientales, miembro del Instituto Vida y ex presidente del Patronato del Parque de Las Leyendas – Felipe Benavides Barreda. http://wperezruiz.blogspot.com/
“Cuando desaparezca todo lo que actualmente pobla la Tierra, sus plantas y sus animales, creados para servir al hombre pero no para que éste los destruya, ya no se podrá volver a hacer y habrá que esperar otros 600 mil millones de años para que otro mundo vuelva a nacer”.

Felipe Benavides
Arequipa, 1975

Mis recuerdos de Felipe Benavides: 20 años después

Revista de Ciencias Veterinarias, febrero 2011

Por: Wilfredo Pérez Ruiz (*)

El 21 de febrero se recuerdan 20 años de la partida de Felipe Benavides Barreda (1917 – 1991) y quiero compartir algunas de mis vivencias con él. Nuestro primer encuentro fue en la primavera de 1984, cuando acudí a su oficina ubicada en la cuadra siete avenida Nicolás de Piérola, entusiasmado para colaborar con él en defensa de la Reserva Nacional de Paracas. En aquella ocasión estuvo acompañado de Bárbara d’Achille quien era su colaboradora ad honorem en Prodena y comenzaba a realizar sus prácticas de periodismo ambiental en el diario El Comercio y la revista Caretas, gracias al apoyo y recomendación de Felipe. Ese contacto fue breve y concluyó en el restaurante “El café de París”.

Sin lugar a dudas, me impresionó su personalidad avasalladora, firme y segura. Conversaba incansablemente y reflexionaba sin detenimiento acerca del Perú. Además, era agudo, incisivo y de hablar claro, aunque incomode. Ese momento marcó el inicio de una relación intelectual, institucional y, fundamentalmente, afectiva.

Fueron muchos los sentimientos que nos unieron y muchos, también, el tiempo compartido a su lado; todos fines de semana eran esperados con gran ilusión. Sabía que el sábado lo pasaríamos juntos en su casa, en compañía de su esposa María Luisa, quien nos atendía; primero, preparando el té y luego, sirviendo la cena en horas de la noche. A esos encuentros solía unirse Augusto Dammert León.

Durante los años que permanecí a su lado, pude constatar su obsesionada dedicación hacia el Parque de Las Leyendas, que presidió durante tantos años. Tenía la deferencia de recogerme todos los días para llegar juntos al zoológico. Alguna vez al ingresar al parque detuvo su automóvil, miró a los niños que ingresaban y exclamó: “Ve estos niños, por ellos es que hago toda esta obra. Ellos son mi satisfacción...”. En ese instante comprendí cual era la genuina motivación que lo animó a realizar esa extraordinario obra recreativa y cultural.

Gracias a él he forjado un vínculo de identificación con el Parque de Las Leyendas como pocas veces en mi vida he logrado establecer con alguna institución. Me pidió conducir la remodelación del pabellón de aves “Celestino Kalinowski”, que lleva el nombre del taxidermista cusqueño con quien trabajó en la creación del Parque Nacional del Manu. Y del que siempre hablaba, refiriéndose a él como un hombre, sencillo y austero, que descendía de una familia de origen polaco. Por esa razón, fue una experiencia interesante supervisar las obras para implementar del mejor modo posible este ambiente con aves de la costa, sierra y selva peruana. La emoción fue grande cuando ese lunes 14 de agosto de 1989, reinauguramos el museo con la asistencia de Nelly Venero de Kalinowski y del embajador de Polonia, entre muchos otros invitados. Al concluir las ceremonias y los brindis, solía quedarme siempre con Felipe; pero ese día me sentí un poco indispuesto y decidí retirarme, ese día, al despedirme de él, me abrazó (algo poco usual en él) y me dio las gracias con un énfasis habitual en el que animaba los esfuerzos realizados por alguien de su entorno más cercano.

El último año de su vida (1990) fue intenso para él. El 30 de marzo –a solicitud de un grupo de parlamentaros liderados por el diputado José Lescano Palomino- el presidente de la Cámara de Diputados, Luis Alvarado Contreras, le impone la Medalla al Mérito “Juan Antonio Távara Andrade” en el grado de Gran Cruz. Era la última condecoración que recibiría quien en su pecho había también exhibido la “Orden del Imperio Británico” (Gran Bretaña, 1963) y la “Orden del Arco Dorado” (Holanda, 1973), entre otras tantas merecidas distinciones.

Me causó indudable satisfacción que Felipe incluyera al concluir su discurso las palabras que me había dedicado al obsequiarme su informe titulado “Historia de la reintroducción de la vicuña en el Ecuador” (1989): “La conservación es lucha permanente, independencia indispensable para decir la verdad y toda la verdad. Ética, como todo en la vida, es la mayor fuerza que tiene el hombre para defender la vida”. Aquella tarde, luego de la breve ceremonia en el Congreso de la República, compartimos un almuerzo familiar por invitación de su hijo Diego Francisco.

A los pocos días presenté mi primer libro “Conservación de la naturaleza ética e intereses” en el que Felipe había escrito la presentación. Me sentía contento de compartir ese acto con él. Tuvo palabras muy generosas para mí y había dejado constancia de ellas en la obra, al señalar: “…Es para mí un honor encontrar, a través de los artículos de Wilfredo Pérez Ruiz, que a los 18 años despierta ante este mundo contaminado y paulatinamente violado, y sale con la mejor arma que tiene en sus manos la nueva generación, su voz libre y valiente de protesta, acompañada de la indispensable denuncia contra la corrupción, que es el mayor enemigo de la sobrevivencia de la naturaleza. Nuestra esperanza es que, en el futuro, jóvenes como el autor de este libro, estén representados en todos los parlamentos de nuestro planeta”.

Paralelamente, el canal cuatro de la televisión británica preparaba la película titulada “Benavides” (estrenada en Londres el domingo 13 de enero de 1991), que fue televisada por dos millones de personas en Europa. Felipe trabajó mucho en las prolongadas y fatigosas grabaciones. Se debía repetir cada toma cuantas veces era necesario. Fueron 16 horas de filmación hasta concluir el trabajo a fines de mayo. Esta producción le permitió dejar constancia de sus puntos de vista acerca de la dramática situación peruana y mundial en el tema de la conservación del patrimonio natural. El 5 de mayo, Felipe celebró un nuevo triunfo: presentó en el Parque de Las Leyendas los primeros mil metros e telas de vicuña en presencia de la prensa nacional y extranjera. Allí estaba el representante de las comunidades de Pampa Galeras, su entrañable amigo Salvador Herrera Rojas, quien emocionado observó la entrega formal que Felipe, en su condición de presidente del Consejo Nacional de la Vicuña, hacia al ministro de Industria, Turismo e Integración, Carlos Raffo Dasso. En ese momento significativo, que coronaban su larga y fatigosa lucha en beneficio de los pobladores ayacuchanos, lo acompañamos un grupo íntimo de amigos. Una vez más, ganó la batalla.

A pesar de su temple y enorme fortaleza, y contrariamente a lo que se pudiera pensar, fueron sinfín las soledades que afrontó cuando era calumniado por quienes promovían sórdidas acciones en su contra. Fui testigo cómo en esas adversas circunstancias, las personas de su cercano entorno institucional y amical actuaron en forma poco solidaria e indiferente. Todos le dieron la espalda, aunque siempre admiré la excepcional lealtad de Augusto Dammert León, caballero distinguido, peruano entregado al servicio del bien común y, fundamentalmente, hombre decente y ejemplar, que estuvo con Felipe en la conducción del Parque de Las Leyendas y en otras inquietudes comunes.

De todas las personas que conocí a través de Felipe, algunas me cautivaron más que otras, por diversas razones de aprecio e identificación personal. Dammert, cuya perseverancia y sentido de la amistad nunca podré olvidar; Leonor Saúd Castillo, quien no desmayó en su cooperación conservacionista y su noble amistad. Miguel López Cano, Nicanor Mujica Álvarez Calderón y Javier Pulgar Vidal, políticos, intelectuales y peruanos honorables a quienes admiré y quise por sus impecables credenciales éticas y ciudadanas. Hacia todos ellos mi amistad, afecto y recuerdo es inapreciable.

Estas líneas serían inconclusas, sino incluyera mi recuerdo de su esposa María Luisa su compañera inseparable. Una encantadora, culta y fina dama sueca que hizo suya sus causas altruistas. Estas líneas son un tributo lleno de cariño, amistad y gratitud ilimitada para ambos, con quienes compartí a plenitud los mejores años de mi juventud, recibiendo permanente y sincero aprecio fraterno.

Felipe me enseñó a conocer, interpretar y querer al Perú. Recuerdo nuestros continuos viajes a Paracas y Pampa Galeras, para apreciar la importancia de estos bellos refugios naturales, donde nos acompañaban científicos, periodistas y parlamentarios, como nuestros comunes amigos Manassés Fernández Lancho e Ian MacPhail. Sus conocimientos, su cultura y su percepción del mundo dejaban deslumbrado a más de un invitado.

Siempre tenía la generosidad de hacerme llegar sencillos y escuetos mensajes de aliento cuando permanecía en sus largos peregrinajes en el extranjero. Jamás olvidaré sus expresivas palabras, escritas de su puño y letra y enviadas por fax: “Mi mensaje a Wilfredo: Gracias por su apoyo tanto moral como hablado” (Londres, octubre 31 de 1989).

Fueron innumerables las lecciones que aprendí de este hombre visionario, emprendedor y combatiente; a su lado entendí que las dificultades, apatías e incomprensiones, deben estimular nuestra lucha constante para alcanzar los nobles propósitos de toda causa justa Su legado, su ejemplo moral y la firmeza de sus convicciones, seguirán siendo la fuente de inspiración de quienes como yo, admiramos su calidad humana, su obra y la enorme huella e influencia que ha dejado como testimonio para las futuras generaciones.

(*) Docente, conservacionista, consultor en temas ambientales, miembro del Instituto Vida y ex presidente del Patronato del Parque de Las Leyendas – Felipe Benavides Barreda. http://wperezruiz.blogspot.com/